Cada año, cuando llega el momento de la vendimia, miro cada uno de nuestros viñedos y siento un profundo respeto. La recogida de la uva es el broche de oro, el instante culminante que todos celebramos, pero lo que realmente da sentido a cada botella empieza mucho antes. La calidad de un gran vino no se improvisa con el fin del verano; se construye día a día, en silencio y con paciencia, durante todo el año. Y más ahora, que los cambios en el clima y la evolución de los parámetros analíticos y sensoriales, la capacidad logística y su potencial natural, hacen que todo el proceso sea sumamente complejo.
Detrás de cada racimo hay meses de esfuerzo constante: cuidar la salud de la planta, resistir al frío del invierno, mimar la poda, interpretar la tierra y atender las necesidades de cada viña con el máximo cuidado. Trabajar el campo exige dedicación sin descanso, pero también exige cuidar de lo más valioso que tenemos: las personas. El conocimiento, el compromiso y la pasión de todo el equipo que camina estas viñas a diario son el verdadero motor de Bodegas Familiares Matarromera. Al final, actuar en el momento preciso es como dirigir una gran orquesta en la que es necesaria la coordinación perfecta de todos los músicos.
En estos días previos a la vendimia, las previsiones nos llenan de ilusión. Anticipamos una cosecha caracterizada por una sanidad excelente en la uva y un equilibrio madurativo excepcional, fruto de las condiciones climáticas que han acompañado el ciclo y del mimo de nuestros viticultores. Sin embargo, una buena añada sobre el papel no lo es todo, necesita una ejecución impecable.
Ahí es donde radica el verdadero desafío de nuestra familia vitivinícola: coordinar con máxima precisión las operaciones de 11 bodegas distribuidas en 7 Denominaciones de Origen distintas. Hablamos de geografías y paisajes tan dispares como la robustez de la D.O. Ribera del Duero, la elegancia de la D.O.Ca. Rioja, la frescura aromática de la D.O. Rueda, la fuerza de la D.O. Toro, la tradición de la D.O. Cigales, o la personalidad atlántica de la D.O. Rías Baixas y la D.O. Ribeiro.
Cada zona impone sus propios tiempos. La vendimia no empieza al mismo tiempo ni bajo las mismas condiciones en el Duero que en el Miño o en el Ebro. Orquestar los momentos óptimos de maduración y recolección para marcas con señas de identidad propias como Matarromera, Emina, CM de Matarromera, Cyan, Valdelosfrailes, Casar de Vide o Sanclodio exige una sincronización perfecta entre nuestros equipos técnicos, enológicos y de campo, capitaneados por nuestro gran equipo de enólogos y nuestros incansables compañeros de campo, pero también requiere apoyo del resto de equipos de un complejo engranaje: administración y financiero, comercial, calidad e innovación, recursos humanos, comunicación, operaciones, enoturismo…
Todo ese despliegue logístico y humano, todo ese respeto por la diversidad del terruño, tiene su reflejo directo en nuestras grandes elaboraciones. Iconos y vinos premium como Matarromera Pago de las Solanas o Matarromera Prestigio, la finura riojana de CM Prestigio o CM Viña Garugele, el potencial aromático de Emina Rosé Prestigio y la elegancia de Valdelosfrailes Reserva, la potencia concentrada de los vinos de CYAN, la frescura de Viña Caeira y Emina Gran Vino de Rueda o la sofisticación de Emina Atio y Emina Emocíon plasman esta filosofía: expresar la máxima autenticidad de cada parcela singular.
Si cuidamos hoy el viñedo y honramos nuestro entorno, garantizamos el futuro de la tierra, la excelencia de nuestros vinos y el legado de las próximas generaciones. La vendimia es solo la fiesta de lo que hemos sido capaces de cultivar con paciencia, rigor y alma.