Hoy quiero compartir una noticia que me emociona de una manera muy especial: he recibido el Premio Castilla y León Emprende a “Toda una vida”, un reconocimiento otorgado por El Norte de Castilla que interpreto, ante todo, como un homenaje al esfuerzo, a la constancia y a una forma de entender la empresa y la vida.

Cuando se recibe un galardón así, es inevitable mirar atrás. Volver a los orígenes. A mis padres Ursicino Moro y Consolación González, a la tierra, a la viña, a la cultura del trabajo bien hecho y a esa vocación que ha guiado cada paso de mi trayectoria. Pero también es inevitable mirar al presente y al futuro. Porque este premio no habla solo de una vida dedicada al vino. Habla también de una manera de emprender basada en la curiosidad permanente, en la búsqueda de la excelencia y en el compromiso con nuestro entorno.

En Bodegas Familiares Matarromera, el vino ha sido siempre nuestra esencia. Es nuestro origen, nuestra identidad y nuestra razón de ser. Pero también he defendido siempre que una empresa arraigada en la tierra debe saber escucharla, interpretarla y llevarla a nuevos horizontes. Por eso, este reconocimiento pone en valor algo que considero fundamental: la capacidad de diversificar, de enriquecer el sector agroalimentario y de abrir caminos que generen valor, desarrollo y futuro.

Esa inquietud nos ha llevado a avanzar en ámbitos que hoy forman parte inseparable de lo que somos. En el enoturismo, transformando nuestras bodegas en espacios de encuentro, cultura y experiencia. Con la agricultura, apostando con decisión por cultivos como el olivo, el almendro o el pistacho, siempre desde una visión de respeto y largo plazo. Y hablando de la excelencia, elevando productos como nuestro Aceite de Oliva Virgen Extra Oliduero, los aguardientes ALDOR o la cosmética ESDOR a la categoría de expresiones de calidad, identidad e innovación. Y, por supuesto, en la investigación y el desarrollo, porque innovar no es una opción: es una actitud ante la vida y ante la empresa.

Todo ello tiene una base irrenunciable: la sostenibilidad. Quienes vivimos de la tierra sabemos que no hay futuro sin respeto. La tierra no nos pertenece; la recibimos, la trabajamos y tenemos la responsabilidad de legarla mejor a quienes vendrán después. Esa convicción ha guiado muchas de nuestras decisiones y seguirá marcando nuestro camino.

Este premio subraya algo en lo que siempre he creído: el éxito no es fruto de la casualidad. Es consecuencia de una suma diaria de esfuerzo, visión, disciplina, talento y amor por lo que se hace. Nada importante se construye solo. Detrás de cada proyecto, de cada cosecha, de cada avance, hay personas. Hay compromiso. Hay equipo.

Por eso, este reconocimiento no lo siento como algo individual. Muy al contrario. Lo siento como un premio compartido con todas las personas que forman parte de esta gran familia.

“Este premio es, en realidad, un reconocimiento a la dedicación de todas las personas que forman esta gran familia. Vuestro trabajo es lo que da sentido a Bodegas Familiares Matarromera.”

Gracias de corazón a quienes han confiado, han trabajado, han soñado y han empujado conmigo durante todos estos años. Seguimos adelante con la misma pasión que al principio, con más experiencia, pero con idéntica ilusión. Porque emprender, al final, no es otra cosa que seguir creyendo, cada día, que siempre se puede hacer mejor.

Y nosotros, como siempre, seguimos.

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Fundación Carlos Moro
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