Hay quienes miden el éxito de su empresa por el cierre del trimestre. Otros, quizás más ambiciosos, proyectan sus planes a cinco años. Cuando me siento a reflexionar sobre el camino recorrido y lo que queda por andar, no puedo evitar pensar en el futuro, en qué lugar me gustaría posicionar a Matarromera y a todas nuestras bodegas, y entonces es fácil pensar en planes a 500 años, o incluso más…
Ayer tuve el placer de participar en los Desayunos de Canal CEO, donde pude compartir con Noemí Boza lo que qué significa realmente liderar en un sector donde el tiempo no es un enemigo, sino nuestro mejor aliado. Precisamente es el tiempo, un factor clave en mi historia y la de Matarromera, de la misma forma que lo es la tierra, el viñedo y Valbuena. En 1988 decidí apostar por el sueño que, por aquel entonces, era Matarromera, y, como comenté ayer, «aunque la lógica administrativa decía que ya lo tenía todo, mi propósito seguía estando en el viñedo».
Hablar de innovación, hablar de vino sin alcohol, hablar, en definitiva, de cambiar las reglas del juego, es fácil al echar la vista atrás, pero no es nada sencillo cuando eres de los pocos que mira en una dirección cuando el resto del sector y de la industria, no solo mira hacia el otro, sino que cuestiona tus decisiones. Pero, como bien dijo Peter Drucker «la mejor manera de predecir el futuro es crearlo.»
Un concepto que se puede leer entre lineas, es que ninguno de los presentes, podremos liderar esta carrera de fondo de, al menos, 500 años. La historia de Bodegas Familiares Matarromera, y la del resto de empresas, debe estar ligada a objetivos, a metas, a un destino. Y es que, nuevamente, en un mundo obsesionado con la velocidad, el éxito se esconde en lo auténtico y en lo que aspira a trascender al tiempo.
Gracias a Canal CEO y a Noemí Boza por permitirme parar un momento el reloj y compartir la visión de Bodegas Familiares Matarromera.