Hay momentos en la vida que duran muy poco y, sin embargo, permanecen para siempre. En mi caso, uno de esos momentos duró exactamente 37 segundos. Corría el año 1995. Matarromera era todavía una bodega joven y nosotros acabábamos de recibir una noticia que parecía difícil de creer: nuestra primera elaboración, la cosecha de 1994, había conseguido en Turquía la Gran Medalla de Oro en la International Wine Competition, con la consideración de Mejor Vino del Mundo.
Era precisamente el objetivo que me había marcado cuando decidí poner en marcha Matarromera: hacer uno de los mejores vinos posibles desde nuestra tierra, en Valbuena de Duero, en el corazón de la Ribera del Duero. Un deseo que ya habían dejado marcado mis padres, Ursicino Moro y Consolación González en el primer libro de visitas de la bodega. Y lo cumplimos. Y lo hicimos en nuestra primera añada.
Lo que probablemente nunca imaginé fue lo que sucedería después. Televisión Española dedicó 37 segundos de su Telediario a contar aquel reconocimiento.
Treinta y siete segundos.
Hoy estamos acostumbrados a una comunicación inmediata. Una noticia recorre el mundo en unos minutos, un vídeo puede llegar a millones de personas desde un teléfono móvil y cualquier empresa dispone de sus propios canales para contar lo que hace. En 1995 las cosas eran muy diferentes.
Volver a aquel momento
Más de tres décadas después de aquellos 37 segundos (se acercan más a 37 años), he tenido la oportunidad de sentarme de nuevo con alguien que vivió muy de cerca aquellos años y que ha acompañado durante décadas la evolución del vino y del territorio: mi amigo Javier Pérez Andrés.
Con él hemos repasado la historia de Bodegas Familiares Matarromera en un programa especial de El Arcón, que precisamente celebra ahora su aniversario. Ha sido una conversación muy especial porque no se trata únicamente de mirar atrás.
Se trata de entender de dónde venimos para saber hacia dónde queremos ir. Con Javier he podido recordar aquellos comienzos, el valor de apostar por la calidad cuando todavía había mucho por construir, la importancia de innovar sin perder nuestras raíces y la necesidad de pensar siempre a largo plazo.
Te invito a ver la conversación completa con Javier Pérez Andrés:
Todo había empezado mucho antes
Naturalmente, aquellos 37 segundos no explican por sí solos la historia de Matarromera. Detrás había muchas decisiones. Y algunas no habían sido fáciles. Yo procedo de una familia vinculada desde hace generaciones a la agricultura, al viñedo y al vino. Crecí entre Olivares y Valbuena de Duero, viendo trabajar la tierra y aprendiendo algo que después he confirmado una y otra vez: en el campo no existen los atajos. Puedes estudiar, investigar, incorporar tecnología y mejorar innumerables procesos, pero nunca puedes negociar con el tiempo.
Cuando nació Matarromera tenía una idea muy clara: no quería competir haciendo un vino más. Quería hacer un gran vino. Conocíamos nuestros suelos. Conocíamos nuestros viñedos. Teníamos una extraordinaria materia prima y una larga cultura vitícola familiar. Había que unir todo aquello con conocimiento, técnica, investigación y una exigencia permanente por mejorar.
Por eso aquel reconocimiento de 1995 fue tan importante. Fue la confirmación de que desde un pequeño pueblo de Castilla y León, trabajando con ambición y haciendo bien las cosas, se podía aspirar a lo máximo. Pero también fue el principio.
37 segundos y toda una vida
A veces vuelvo mentalmente a aquel día e, inconscientemente, a aquellos 37 segundos en televisión.
Hoy, más de tres décadas después, sentarme con Javier Pérez Andrés y recordar juntos aquel momento me ha hecho pensar en todo lo que ha ocurrido desde entonces y también, en todo lo que queda por hacer.
